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CRÓNICAS

Se prende fuego mi casa

Por Esteban Viú

Por Pablo Callejón


Jueves 12 de julio, caía la tarde en Río Cuarto y el cielo regalaba un anaranjado intenso, parecido al fuego vivo más propio del otoño. En Jagueles al 3400, en su casa alquilada, estaba Germán Cartelo, peón de campo, atando su caballo para finalizar el día de trabajo. Él salió unos minutos a comprar maíz para alimentar a sus gallinas y, al terminar las compras, sus vecinos le avisaron que su casa estaba envuelta en llamas. El cielo se había desplomado sobre el techo de su hogar, que ardía imparable.

Germán no entendía por qué y cómo había tanto fuego dentro de su casa hasta que vio a Jorge, dueño y vecino del hogar, que le contó la secuencia de lo sucedido. 6 personas en tres motos aparecieron de golpe, dispararon contra el frente del hogar, rompieron una ventana y vaciaron un tanque de nafta adentro de la casa. Luego de arrojar un papel prendido fuego, escaparon sin más. German seguía sin entender por qué esas personas se habían ensañado así con su casa. Al rato, entre el tronar de las sirenas a lo lejos y las mangueras que combatían el fuego, apareció su mujer preguntándole: “¿A quién mataste, Germán? ¿A quién mataste? Para él no había más que incertidumbre.

Según relata el peón de campo, todo se debió a una confusión. Horas antes había aparecido el cuerpo de Edgar López que había caído desde un séptimo piso, del departamento de Daniza Gallardo. Algunas versiones indicaron que la ex pareja de la chica, de nombre Germán y con algunas silabas de diferencia en el apellido, llegó al lugar y, luego de un enfrentamiento, empujó a Edgar. Los amigos de este, en un intento de ajusticiar por mano propia, confundieron a Germán Cartelo con la ex pareja de Daniza Gallardo e incendiaron el lugar.

 

 

 

***

“Si tanta bronca me tenían me hubiesen agarrado a mí, no a mí casa”, me dice Germán, algo angustiado. La puerta de entrada al lugar quedó hecha carbón, una especie de cáscara que solo conserva la forma de puerta. Al ingresar se ven las paredes partidas por la temperatura que agarraron los ladrillos, un televisor a medio derretir y unas patas de mesa a la que le falta la parte superior de madera. Arriba se ve un tirante de madera carbonizada que resiste con las últimas fuerzas al techo de chapa. “Pasemos rápido por acá porque en cualquier momento se cae esto”, asegura Germán. En la otra habitación se ven los esqueletos de la cocina y algunas sillas, la heladera quemada y algunos utensillos para cocinar. Observo con detenimiento y veo una jaula sobre lo que solía ser la cocina de la familia. Me acerco un poco y adentro de la jaula, tiznado y ahogado por el humo, veo un canario muerto. “Ese no aguantó”, desliza Jorge, el dueño de la casa, mientras nos mostraba cómo había quedado el lugar.

 

 

Afuera de la casa no dejaban de llegar donaciones. Ropa, comida, camas, cocinas y hasta un contenedor para arrojar lo que ya no sirve. Germán dice que su celular no da abasto con la cantidad de llamadas y mensajes que recibe. Desde anoche que la gente no deja de llamarlo o acercarse a su casa para colaborar con lo que tiene. “Yo le agradezco a la gente porque trae lo que tiene. Ahora lo que nos hace falta es material de construcción. Ya nos han traído camas, cocinas y comida. No nos hace falta eso, quizás le hace falta a otras personas. Ahora necesitamos materiales para construir. Cemento, ladrillos, ventanas, tirantes, chapas. Y gente que me ayude con la construcción, porque yo no sé nada. Esas cosas son las que más necesitamos”, dice Germán que, aún en la adversidad, no oculta su lado solidario. “A mí me van a sobrar cosas con todo lo que han traído. Voy a ver con qué me quedo y lo demás se lo voy a dar a personas que lo necesiten”, asegura. Además de él, en la casa viven su esposa, su hija y sus dos nietos.

Antes de irnos llega una pareja en moto para dejarle ropa y algunas cosas de cocina. Germán bromea con la cantidad de cocinas que le acercaron (4) y dice que ahora va a tener mucho para cocinar. Las 7 u 8 personas que estamos ahí nos reímos y a Germán se le dibuja una sonrisa a pesar de todo. Una vecina se acerca para avisarle que un caballo de él se soltó, entonces nos saluda a todos y se va a buscarlo. Mientras, siguen llegando algunos autos y motos al domicilio. Saludamos a Jorge, que nos grita “ojalá volvamos a encontrarnos”. Ojalá.

Viernes 13 de julio

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