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CRÓNICAS

Relato de una toma (segunda parte)

Por Esteban Viú

Por Micaela Miño


El domingo 2 de septiembre, el tercer día de toma, lo que era un rumor comenzó a tomar forma concreta. Un sector de la comunidad universitaria, conformado en gran medida por estudiantes y docentes de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, comenzó a organizarse para intentar levantar la toma de la UNRC. No hacían asambleas, sino juntadas. No debatían, charlaban. Hacían de su supuesta posición anti-política una bandera, sin darse cuenta que su postura era tan política como la nuestra. Ellxs querían volver a las aulas, cursar, rendir las materias que les faltaban o dar clases. Estaban direccionados por el “yo”. “Yo quiero volver a las aulas”, “yo quiero cursar”, “yo quiero rendir”, etc. Lo colectivo no formaba (ni forma) parte de su concepción de la vida. No entienden las acciones sino parten de la individualidad. El neoliberalismo hecho carne. Los medios grandes de la ciudad fogoneaban la supuesta rivalidad entre los “toma” y los “anti-toma”, funcionaban de oxígeno para un fuego cada vez más grande: la ciudad casi no hablaba de otra cosa que no sea la toma. Los medios habrían una nueva grieta.

El lunes 3, una gran cantidad de estudiantes, docentes y ciudadanxs que no coincidían con la toma llegaron a la asamblea del día para plantear la discusión de la continuidad de la toma. La moción que iban a proponer era el levantamiento total de la medida. Lxs que estábamos adentro hacía 4 días, pero organizándonos de manera más contundente durante casi dos semanas, no queríamos bajo ningún aspecto abandonar la universidad porque considerábamos que no se había cumplido ni un sólo objetivo de los que nos habíamos propuesto. Sin embargo, también conocíamos (y defendíamos) el carácter democrático de la asamblea, y si por mayoría la toma se levantaba, lo teníamos que aceptar y plantear un nuevo plan de lucha.

Cerca de las 18:00 comenzó a llegar la masa de personas al campus. Cientos de caras nuevas, que nunca las habíamos visto al lado nuestro en las calles. Caras frescas, sin ojeras, delatando el sueño tranquilo de 7 u 8 horas en sus camas. Caras ansiosas, que pensaban que era cuestión de llegar, tirar la moción, votar e irse a la comodidad de sus casas. El lugar elegido para desarrollar la asamblea fue el Anfiteatro Abierto San Martín, con la cara de Santiago Maldonado custodiándonos. Los recién llegados se ubicaron en la parte superior derecha y en los balcones que rodeaban al anfiteatro. El día anterior se había programado que la banda Lotus Jem tocara 45 minutos antes de comenzar la asamblea, pero las ansias y cierta beligerancia en los cánticos de los más frescos obligó a que el recital se redujera a 20 minutos.

Después de ciertas cuestiones de protocolo de la asamblea, se abrió el orden de la palabra para saber cómo continuábamos. En el anfiteatro había más de 1500 personas. Desde el primer momento, la primer palabra quizás, los que se ubicaban en la parte superior no hacían otra cosa que cortar la exposición de quien estuviera en frente y pedir por la votación. No querían dar la discusión, no querían escuchar nuestros argumentos pero aun peor: se notaba que lo que no querían era exponer sus argumentos flacos, débiles. No querían que quedara en evidencia que su lucha era individual, que no les importaba lo colectivo. No se animaban a decir que ellos solo querían volver a las aulas, esa capsula aislada de los problemas de calle o el barrio. Entonces eso que intentaban ser sus argumentos no era otra cosa que valores o mandatos rancios, desvencijados. Decían que “estábamos haciendo política”. Sí, claro. Estudiar es hacer política. El presupuesto de las universidades es una decisión política. Lxs que no pueden acceder a la educación superior se ven limitados por decisiones políticas. Argumentaban que “querían volver a las aulas”. Nosotrxs también. Pero ellos querían volver para cumplir logros personales. Nosotrxs queremos volver con nuestros docentes con sueldo digno, las universidades con presupuesto justo y toda la sociedad con laburo y un plato de comida.

 

 

Un estudiante que no coincidía con la toma pasó a leer una especie de poema que había escrito. Lxs moderadores de la asamblea le explicaron que se estaba debatiendo una moción, que era el levantamiento o no de la toma, y por lo tanto la palabra solo podía utilizarse para argumentar sobre esa posición. El discurso, o encadenamiento de palabras mejor dicho, circuló por una infinidad de lugares comunes y metáforas sin sentido. “Te aseguro que juntos podemos sembrar muchas flores, luego regarlas y disfrutar juntos de un bello jardín”, decía. La respuesta de la siguiente oradora fue que nos faltaban 16 aulas en la UNRC por el recorte de 3 mil millones de pesos de marzo y se preguntaba qué íbamos a hacer frente a eso. Regar seguro que no, menos con la suba de los servicios que impulsa Mauricio Macri.

El debate duró casi 6 horas, hasta que llegó el momento de la votación. La Comisión de Comunicación fue la encargada de llevar adelante el proceso. Se hizo un gran círculo humano en la parte inferior del anfiteatro en donde ingresamos los que estábamos a favor de la toma. Luego, se hizo lo mismo con los que estaban en contra. Había vedores de diferentes posturas para asegurar la transparencia del proceso. El conteo fue lento pero efectivo, se contó uno por uno de los que iban saliendo del círculo humano. Cerca de la 1 de la mañana se conoció el resultado. 995 votos a favor de la toma, 213 en contra y 3 abstenciones. La alegría se apoderó de todxs nosotrxs. Canticos, saltos, abrazos y besos con cualquiera que se cruzara en el camino, otrxs que revoleaban agua desde el escenario. Había ganado el proceso democrático. La toma había servido también para organizar y movilizar a un grupo que por motu propio no lo hubiera hecho.

 

***

Los días posteriores sirvieron para concretar y consolidar objetivos propuestos, sobre todo el que hacía referencia a la confluencia en la lucha con diferentes sectores, y también para pensar cómo íbamos a levantar la toma y continuar con el plan de lucha. Durante 9 días sostuvimos un promedio de 400 personas por asamblea. La extensión de la toma hubiera implicado el debilitamiento de la asamblea y una cerrazón en nosotrxs mismos sin sentido. Las presiones de la prensa, rectorado y los grupos que no estaban de acuerdo con la toma eran cada vez mayores. Comenzaron a circular listas con nuestros nombres, los medios tergiversaban la información y los ánimos se caldeaban. Estábamos en un punto culmine de la toma y queríamos que la decisión de levantarla sea solo nuestra y de nadie más. Después de concretar algunas actividades junto a trabajadores de Río Cuarto, el día sábado 8 la asamblea decidió, por 319 a 205, el levantamiento de la medida. Sin embargo, y este es el dato más importante, por unanimidad se decidió la continuidad del plan de lucha. En los últimos días estuvimos junto a trabajadores de ATE, de la educación y junto al Frente Sindical y Social para repudiar la visita de Mauricio Macri a Río Cuarto.

 

La toma de la UNRC fue un curso acelerado de política, comunicación y organización. No dejamos de aprender (y aprehender) en ningún momento. Trabajamos la solidaridad con lxs compañerxs que lo necesitaban en cada situación. Derramamos lágrimas, muchas, pero también soltamos muchas sonrisas y abrazos. Dejamos de lado las diferencias cuando lo necesitábamos y las expusimos cuando lo creímos conveniente para el desarrollo de la medida. No sacralizamos la toma, no era el fin en sí mismo, solo la herramienta de aglutinamiento. Todas las herramientas sufren desgaste y hay que cambiarlas. Comprendimos que de ahora en más el instrumento más importante es la asamblea que nos junta a todxs y nos permite delinear las medidas futuras. Pero lo más importante es que se produjo un sujeto colectivo en lucha, consciente de la situación actual y dispuesto a dejar todo en la calle para la transformación de la realidad.

 

 

Martes 18 de septiembre

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