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CRÓNICAS

Relato de una toma (Primera Parte)

Por Esteban Viú

Por Micaela Miño


La mañana del jueves 30 de agosto comenzó con las calles del país desbordadas de estudiantes, docentes, no docentes y ciudadanos que se movilizaron y pusieron el cuerpo por la Educación Pública, Libre, Gratuita e Inclusiva. Por las calles de Río Cuarto marcharon más de 5 mil personas que confluyeron en la Plaza Central para escuchar a los diferentes oradores. Comerciantes, automovilistas y estudiantes de secundario se asomaban por sus puertas y ventanas para regalar alguna sonrisa o cartel de aliento. Sin embargo, nada volvió a ser lo mismo en el país desde que comenzó la concentración hasta que finalizó la marcha. Cada 30 o 40 minutos alguien comentaba: “Sigue aumentando el dólar”, “está por encima de los $40”. A medida que avanzábamos, la moneda norteamericana escalaba incontrolable hasta tocar los $42 en su éxtasis financiero. Nuestros gritos y canticos se intensificaban. Alguien comentaba de nuevo: “Dujovne salió a anunciar que va a renegociar con el FMI”. Otro agregaba: “El gabinete está poniendo sus renuncias a disposición”. Todo era bruma en el panorama político y social de nuestro país.

Para esa misma tarde teníamos programada una asamblea de estudiantes, docentes y graduados donde se definiría el plan de lucha, que contemplaba la toma de la UNRC para el lunes siguiente. Sin embargo, después del descalabro del sistema financiero y la disparada del dólar, se rumoreaba que los diferentes sectores de la asamblea iban a proponer la toma del campus universitario y sus dependencias para esa misma noche. La coyuntura llamaba a la acción, nadie podía quedarse quieto. La historia reclamaba al movimiento estudiantil una vez más. Y, una vez más, estuvimos ahí. Pasadas las 20:00, y por unanimidad, la asamblea decidió la toma inmediata del campus universitario y de la radio ubicada en el corazón de la ciudad a partir de las 23:00. Un grupo de docentes se encargó de conseguir los candados para cerrar todas las entradas y de proporcionar algunos kilos de chorizos para la cena improvisada de la noche. Mientras, algunxs estudiantes volvían a sus casas a buscar abrigos, darse una ducha calentita (sabían que no abundarían) y saludar fugazmente a la familia, en el caso que los tuvieran en la ciudad. Otrxs nos encargamos de organizar un grupo de 10 o 15 personas para tomar las instalaciones de Radio Universidad. A partir de las 23 del jueves, la programación quedaba a cargo de la Comisión de Comunicación de la Toma. Durante los días siguientes llovieron los elogios para lxs compañerxs que se encargaron de llevar adelante los programas, incluso alguien dijo “banquen la toma que la programación mejoró”. Trabajadores no docentes y estudiantes se pusieron al hombro las 24 horas de aire durante 9 días y fue un éxito. Entrevistas en vivo a las 4 de la mañana sólo se conseguían en la 97.7 de Río Cuarto.

El viernes a la mañana ya estaban listas todas las comisiones que iban a garantizar la estadía y el buen funcionamiento de la toma: Logística, Seguridad, Contenido, Cultura, Vinculación Territorial, Vinculación Sindical y Comunicación. Desde ese mismo día la comunidad de Río Cuarto comenzó a acercar donaciones para sostener la toma: comida, abrigos, anafes y garrafas entre muchas otras cosas. Algunas cajas llegaban con mensajes escritos que funcionaban como pequeños abrazos en paquete. En las primeras 72 horas llegaron tantas donaciones como para sostener la toma durante 15 días. Esa cantidad no era porque si, el mensaje era claro: los queremos ahí adentro, defendiendo lo que es de todxs.

Ese mismo viernes comenzaron los talleres y charlas públicas. No queríamos vaciar nuestra universidad, más bien lo contrario. Queríamos llenarla de contenido, de gente, de amor y lucha. A nadie más que a nosotros nos desgarra el corazón ver los pasillos y pabellones vacíos, por eso hubo actividades todos los días. Talleres de soberanía nacional, economía, perspectiva de género y otros le dieron el relleno teórico y práctico a la toma. Nadie quería dejar de aprender, por eso el campus floreció de contenido. Los que caminamos los largos senderos idea y vuelta varias veces por día, veíamos de manera constante grupos de estudiantes, docentes y trabajadores dialogando e intercambiando ideas. Si eso no es la Educación Pública, ¿qué es entonces?

Uno de los primeros ejes que salió de la Asamblea que se realizaba todos los días en la UNRC fue que la lucha que libramos hoy es social. Si bien la toma englobaba el reclamo salarial de los trabajadores docentes y la defensa del presupuesto de Educación, como universitarios, pero sobre todo como seres sociales, no se nos podía escapar que ningún sector se salva solo. Las políticas neoliberales son para todxs, a la mayoría nos afecta y a unos pocos los beneficia. Entonces esa mayoría afectada no puede aislarse en su reclamo, sino buscar la confluencia sectorial y la organización para disputar la batalla en la arena política. Dirigentes sociales, sindicatos, organizaciones y trabajadores de diferentes sectores estuvieron presentes en las discusiones y propuestas que se plantearon durante la toma. Nadie quedo ajeno, por ejemplo, a las necesidades de las auxiliares escolares que cobran $4400 por mes o a los trabajadores de diferentes áreas del estado que fueron despedidos en los últimos 3 años. Nadie quedo ajeno al eje social. Después de la toma, nadie quedo ajeno y ya.

Lunes 17 de septiembre

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