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CRÓNICAS

Relato de un despedido

Por Esteban Viú

Por Somos Telam


Hugo Sanchez tiene 54 años, dos hijos (uno de 10 y otra de 23) y está casado. Sobre su espalda descansan 27 años de periodista, y 8 en la agencia de noticias Télam. Su trabajo corresponde al área audiovisual: es cronista de espectáculos y hace notas en video para enviarlas a los abonados, tanto en Capital Federal como en el resto de las provincias. Entre palabras Hugo hace una pausa y remarca que no le gusta decir “al interior” porque es una mirada porteño-centrista que no le gusta. Se ríe, pero lo dice de verdad. Entre sus palmares, recuerda con cariño la nota con el actor Denzel Washington.

El martes 26 de junio Hugo llegó a su trabajo como cualquier otro día, pero el clima en las oficinas era espeso, tenso. Corría el rumor que habían empezado a llegar los telegramas de despido. Hacía unos días que se hablaba de esa posibilidad, pero todo era nebulosa.

El peso de la incertidumbre se hizo realidad ese martes, aunque nadie esperaba que el recorte llegara a casi la mitad de la agencia. 354 personas quedaban sin su trabajo. “Yo empecé a esperar que me tocara o que no me tocara. Había dos modalidades. Te mandaban el telegrama despidiéndote o te enviaban un mail a tu casilla diciendo que te daban la bienvenida a la nueva Télam”, cuenta Hugo. Durante las primeras 48 horas no tuvo noticias, no recibió el telegrama de despido pero tampoco el mail de bienvenida. Hugo caminaba una cuerda peligrosa que se deshilachaba pero no se rompía, y la incertidumbre comandaba sus días. Durante esos días cumplió con sus horarios habituales de trabajo pero no de descanso. Las noches del martes y miércoles estuvieron cargadas de dolor y espera que no le permitían conciliar el sueño. “El jueves le pedí a mi hija que fuera a un viejo domicilio y me dijeron que el telegrama había llegado ahí”, dice Hugo.

 

 

Apesadumbrado, tuvo que explicarle a su hijo de 10 años la situación. El entorno de crianza, con padre y madre periodistas, ayudo a que entendiera de alguna manera la situación pero el pequeño no estuvo librado de consecuencias: tuvo un ataque de broncoespasmo, como hacía tiempo que no le sucedía.

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 “Tengo 54 años y estuve en varias redacciones, también me despidieron de varios lugares. Pero con mi edad y por cómo está la cosa dudo que vuelva a formar parte de una redacción. Es el golpe más tremendo que recibí”, dice el cronista. Cuando se enteró del despido intentó no pensar en el dinero, que le hace falta como a cualquier trabajador, que le hace falta como cualquiera que tenga que levantar una hipoteca. Lo primero que imaginó es que sus mañanas ya no iban a estar ocupadas por Télam ni por sus amigos y compañeros de trabajo. Ya no iba a poder conversar sobre cómo le va en la facultad al hijo del chofer que los trasladaba, o cómo anda la relación del editor de video con el que charlaba siempre. Los lazos humanos y las historias que resultan de ellas siempre están por encima de cualquier otra situación o trabajo. Ya lo decía Eduardo Galeano: “los seres humanos estamos hechos de historias”. Y como las historias no se escriben solas, los trabajadores despedidos no esperaron que nadie les escribiera la suya. Casi instantáneamente armaron grupos de whatssap y comenzaron a organizar su resistencia para que la sociedad conozca su situación y la importancia de una agencia de noticias federal.

Tanto Hugo como el resto de trabajadores despedidos continúan trabajando en las dos sedes de Télam en Buenos Aires. Muestran su conflicto a través de los medios, de las redes sociales, políticos y cualquier vía que les sirva para defender el derecho a trabajar. También se rotan para dormir en las sedes, con una ocupación pacífica, porque las autoridades abandonaron las instalaciones con más de 1 millón de dólares en equipamientos.

 

 

 

“Estamos confiados y vamos a dar pelea para lograr la re-incorporación de todos. Sé que suena dificilísimo pero lo vamos a intentar”, me decía Hugo hace una semana atrás. Hace 24 horas un fallo de la justicia indicó que Télam debe reincorporar a 5 trabajadores porque no respetó los procedimientos adecuados. Se espera que el fallo llegue a los 357 trabajadores despedidos. Parece que, como dice el refrán, todo vuelve. ¿Qué medidas adoptará el destino, y sobre todo nosotros, con los políticos que se están encargando de dejar a la Argentina como un esqueleto derruido? Porque si todo vuelve, vuelve para todos.

Por último, le pego una mirada al Facebook de Hugo que revienta de publicaciones. Ahí muestra las actividades que realizan todos los días los trabajadores despedidos para enfrentar la situación y pelear por lo que les pertenece: el derecho a trabajar con seguridad. Queda más que claro que nadie se salva solo, la pelea es colectiva. Y como todo colectivo, también se necesita del amor. Entre sus posteos aparece uno del 2 de julio, con su esposa, festejando sus bodas de plata. Ella le dedica unas palabras: “Vamos a apechugar, remar, luchar sin olvidar”, le dice. Apela a la memoria, la que quieren matar a golpes de amnesia en nuestro país. Hugo y su compañera lo tienen claro. No olvidaron, no olvidan ni olvidarán.

Domingo 15 de julio

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