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CRÓNICAS

Parar para mover

Por Facundo Sánchez

Por Federico Alonso


Una vez Mario Benedetti escribió: “Usted, preguntará: “¿Por qué cantamos? Cantamos porque el río está sonando y cuando suena el río, suena el río”. Y en el contexto actual, antes del día martes, muchos pensaron para explicar por qué paraban los trabajadores, en esa canción. En esas letras. En cambiar la palabra cantamos por paramos. “Paramos porque el cruel no tiene nombre y en cambio tiene nombre su destino”, por ejemplo.

Parar. Parar para que paren. Parar. Detenerse. Interrumpir. Dejar de hacer lo que se hace todos los días. Hacer ruido. Que escuchen. Mover. Patear el tablero. Renovar. Mover. Cambiar el orden de las cosas. Bailar un rato en las veredas. Y en las calles. Gritar. Agitar las manos. Llevar las banderas. Con el viento en contra. Con el mundo en contra. Seguir caminando. Pisar firme. Avanzar. Y a la vez, parar.

Parar. Otra vez. La cuarta vez a nivel nacional desde que Mauricio Macri es Presidente de la Nación. Las centrales sindicales obreras en conjunto con estudiantes, demás trabajadores y miembros de organizaciones sociales decidieron, nuevamente, parar. Los aviones no volaron y los colectivos contaron solamente con una guardia mínima. En la ciudad, los bancos, las escuelas, las universidades nacionales y los colectivos urbanos, fueron los espacios en los que más se expresó el acatamiento a la medida de fuerza.

Parar. Las huelgas y los paros generales, arrastran, lamentablemente o no tanto, una historia larga en nuestro país. Desde el regreso de la democracia, hubo 44 paros generales en Argentina. La gran mayoría durante la presidencia de Raúl Alfonsín, en plena época de reestructuración de la economía. Carlos Ménem enfrentó ocho, De La Rúa nueve en solo dos años de mandato. El gobierno de Néstor Kirchner fue testigo de una huelga en el período 2003 – 2007 y Cristina Fernández no recibió ningún paro general durante su primer mandato, pero si en el segundo, posteriormente a su conflicto con el dirigente sindical Hugo Moyano con el objeto de la eliminación del impuesto a las ganancias: Cinco en cuatro años.

 

 

 

Parar. Porque se ve en las calles y porque lo dicen los números. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) la evolución de los despidos y suspensiones en los primeros ocho meses de 2018 asciende a 32.794 personas. De ese total, 12.532 son empleados públicos y 20.262 privados. Esta cifra implica un promedio de 4.684 nuevos desempleados por mes. Más de 150 personas se quedan sin trabajo cada día. Me pregunto, mientras escribo, a cuantas personas le están informando que se quedan sin laburo. Me pregunto, mientras ustedes leen, cuantas familias son invadidas por la incertidumbre del futuro.

Según el informe, dos sectores son los más afectados: Servicios e industria. Allí se concentran el 77% de los casos. En el ámbito público hubo despidos en entes descentralizados como Conicet, Vialidad, INTI, Coros y Orquestas y SENASA; en los Ministerios de Agroindustria, Desarrollo Social y Economía de la Nación; en el gobierno bonaerense, y en empresas de capital estatal como TELAM,  YCRT, Ferrobaires, Nucleoeléctrica Argentina, YPF, Fadea y FM. Todo esto acompaña a la decisión política del ejecutivo de cerrar y reestructurar los Ministerios. Parar.

Parar para expresar movimiento. Parar para mover. Parar. Salir del cliché: “De la crisis se sale laburando”. Parar para expresar el descontento. El fin de mes cada vez más largo. No parar porque sí. Parar porque la situación aprieta, angustia, agobia, aunque desde los pisos más altos del edificio nacional, todo eso parezca disiparse.

“Parar es de vagos”. Otro cliché. Denostar al trabajador. Pegarle al que reclama. Pegarle al que se mueve. Al que pide lo que le corresponde. Ni más ni menos. Pegarle al compañero. Pararse, sin querer, en la vereda del frente. El juego parece funcionar así. Desprestigiar las acciones colectivas. Gente que camina las veredas y mira con asco cómo los militantes comen un guiso popular sentados en el piso.

 

 

 

Parar. Aunque las noticias desde la rosada, no lo hagan: En la mañana de la marcha, quienes caminaban por el puente carretero, se enteraron que el presidente del Banco Central, Luis Caputo, presentó la renuncia. El hombre de confianza de Mauricio Macri, que reemplazó a Federico Sturzenegger, decidió dar un paso al costado para que tome su cargo el economista Guido Sandleris. Con un amplio Curriculum que muestra su paso por universidades y entidades del exterior, Sandleris fue investigador visitante del Fondo Monetario Internacional y es, además, autor de libros de fútbol para niños.

Parar. Los trabajadores no concurren a sus puestos de trabajo durante el día martes. Mientras tanto, a nivel nacional, continúan “pasando cosas”. Pablo Micheli, referente de la CTA autónoma, declaró: “…Están pelotudeando. Estamos ante un gobierno que nos va a cagar a palos. Hay que juntar fuerzas. Se cae este modelo o estos tipos se van.” Analistas afirmas que, este tipo de declaraciones, nacidas, seguramente desde la bronca y la impotencia, no hacen más que ser funcionales al gobierno para desprestigiar las medidas de fuerza. Las palabras de varios ministros y sectores cercanos al gobierno nacional, garantizan esto.

Pararon los aviones, los trenes, los subtes en Buenos Aires, los colectivos. Pararon los trabajadores que sienten que el mes aprieta, ahorca, molesta, lastima. Pararon porque las coincidencias con el, ya no tan lejano 2001, asustan. “Están exagerando. Nos quieren asustar”. Otro cliché. El tercero de una lista interminable. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y las cada vez más continuas protestas sociales en los diversos sectores, son tan solo algunos de los puntos de choque entre esta época y aquella.

Parar. La expresión del pueblo que se da en Argentina y que no es mucho más común en otros países u otras regiones del mundo. Parar para moverse. Parar para buscar un impacto. Parar y hacer sentir, allá, incluso en la Gran Manzana, que en Argentina están pasando cosas.
El pueblo, incluso ante un cerco mediático innegable va, de a poco, saliendo a pisar las calles para expresar el descontento. Otra vez.
Parar. Aunque lo nieguen, aunque le quiten importancia, aunque los líderes se confundan, aunque llegue el grito de vagos, de golpistas. Parar. Aunque los medios lo pongan bajo la alfombra. Aunque el silencio busque tapar el ruido: parar.
Pero no desde la quietud. No parar y cruzar los brazos.
Parar como una paradoja: Para para mover.

Jueves 27 de septiembre

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