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CRÓNICAS

Memoria hostil de un tiempo de paz, sin paz

Por Fernanda Bordo

Por Daniel Feldman


El 5 de marzo empezábamos en Chubut un nuevo ciclo lectivo en el marco de un paro nacional de 48 horas convocado por CTERA. Iniciábamos así, sin saberlo aún, una de las más largas lucha docente de los últimos años. La ciudad de Rawson, capital de Chubut, se convirtió en el escenario de los sucesos más destacados de este enfrentamiento. La tranquilidad de una ciudad abocada meramente a cuestiones administrativas se vio perturbada por la presencia diaria de innumerables trabajadorxs estatales unidos en un mismo reclamo:

– La suspensión inmediata del pago de sueldos por rangos: actualmente en Chubut lxs trabajadorxs estatales cobramos en tres rangos generalmente entre los días 10, 18 y 25 del mes respectivamente.

– La regularización de la obra social provincial de lxs trabajadorxs estatales: en ese momento se encontraban suspendidas todas las prestaciones médicas debido a una deuda que el gobierno provincial aún mantiene con el ISSyS (Instituto de Seguridad Social y Seguros)

– La apertura de paritarias libres y sin techo.

Se conformó entonces la Mesa de Unidad Sindical integrada por varios sindicatos de estatales de la provincia, entre los que se destacaron trabajadorxs judiciales, de vialidad, de salud, docentes y auxiliares de la educación, entre otros. También se instaló hace más de cien días una carpa frente a la Casa de Gobierno a la que llamamos “La carpa de la unidad” y se convirtió en un punto de encuentro fundamental. Con este frente a la cabeza se multiplicaron cada vez más las masivas movilizaciones que tras recorrer  las calles de Rawson, finalizaban frente a las puertas cerradas de la Casa de Gobierno. Esta situación se repitió mecánicamente tantas veces que ya no podría enumerarlas, siempre era lo mismo: marchábamos por todos los ministerios al compás de bombos y silbatos, cantando a viva voz “unidad de los trabajadores y al que no le gusta, se jode”  mientras levantábamos las banderas que enunciaban los motivos por los que estábamos ahí. Y la respuesta del gobierno también era siempre la misma: un silencio e indiferencia implacable. Y ahí nos veíamos reclamándole una y otra vez a una puerta bloqueada por policías, mientras los medios locales reproducían las declaraciones del gobernador Mariano Arcioni, en las que manifestaba estar abierto al dialogo.

Mientras tanto, también se fueron abriendo otros frentes de lucha como por ejemplo, los estudiantes que reclamaban el cumplimiento de la ley que garantiza el Transporte Educativo Gratuito (TEG), o las madres y padres que tomaban las escuelas de sus hijas e hijos y  presentaban recursos de amparo, reclamándole al gobernador soluciones urgentes. En algunos casos las familias comprendieron que el Estado es el responsable de garantizar la educación para todas y todos los estudiantes y encontramos allí aliados fundamentales. Pero en la mayoría de los casos no fue así y lxs docentes nos convertimos en el blanco de las críticas más despiadadas. Nos calificaron de vagos, nos acusaron de no tener vocación y tomar de rehenes a lxs chicxs, criticaron nuestros modos de protesta, pidieron que nos sustituyan por docentes que tuvieran ganas de enseñar y hasta nos acusaron  de matar a un policía durante la represión en Rawson el día 5 de abril en el marco de una de las tantas movilizaciones. Al día siguiente de este lamentable suceso, la autopsia reveló que el agente había fallecido producto de un paro cardiorespiratorio y que no presentaba lesiones externas. Sin embrago, todavía hoy, siempre hay alguien que recuerda el hecho y nos tilda de asesinos.

 

“Nos calificaron de vagos, nos acusaron de no tener vocación y tomar de rehenes a lxs chicxs, criticaron nuestros modos de protesta, pidieron que nos sustituyan por docentes que tuvieran ganas de enseñar y hasta nos acusaron  de matar a un policía durante la represión en Rawson”     

         

Las distancias en la Patagonia son muy largas por eso en otras localidades de la provincia, distantes de la capital, como Esquel, Lago Puelo, Sarmiento y Comodoro Rivadavia lxs compañerxs docentes acompañaron las acciones que se desarrollaban en  Rawson con cortes de ruta intermitentes para repartir panfletos. Pero, a pesar de la aparente indiferencia del gobierno, estas acciones no pasaban desapercibidas y en varias oportunidades lxs docentes fueron intimidados violentamente por la presencia de las fuerzas de seguridad dirigidas por el ministro Federico Massoni. Fue así como el 24 de abril, imitando la medida de fuerza de estxs compañerxs, lxs empleados estatales cortamos las rutas provinciales N° 7 y 25 bloqueando de este modo los accesos más importantes a la capital. Pero, a diferencia de lo que sucedió en Comodoro, en Rawson a nadie del gobierno pareció importarle este suceso y una vez más volvimos a nuestras casas con esa sensación amarga que ya conocíamos.

La negación al dialogo por parte de Arcioni y sus ministros, a pesar de decir públicamente lo contrario, llegó a su fin el 9 de mayo. Ese día tuvimos el honor de recibir a Nora Cortiñas, madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, quien ofició de mediadora entre la Mesa de Unidad Sindical y el Ejecutivo provincial. Obviamente este cambio de actitud por parte del gobierno no fue voluntario sino por el contrario, con todas las miradas puestas en Chubut a nivel nacional, hubiera sido descortés no recibir a la compañera Cortiñas. En la reunión el gobernador, como es su costumbre, no estuvo presente, pero se logró acordar con sus ministros por primera vez en lo que iba del año, el compromiso de poner fecha y hora en los próximos días para una primera reunión negociadora. Así quedó “abierto” oficialmente el diálogo entre las partes en conflicto. O por lo menos eso creímos nosotrxs, porque desde ese momento se suscitaron muchas reuniones en las que no hubo nunca ninguna voluntad por parte del gobierno de solucionar el problema.

El 29 de mayo las bases acompañamos, una vez más, a nuestros dirigentes a una nueva reunión paritaria en la Secretaria de Trabajo. Arcioni en esta oportunidad tampoco se presentó porque estaba en la ciudad de Puerto Madryn  en una entrega de viviendas. Lxs docentes de esa ciudad se dirigieron al acto para manifestar su malestar con respecto a la situación que estábamos viviendo. Pero, lejos de ser escuchados, fueron brutalmente reprimidos por la Policía de Chubut. El saldo fue de varixs docentes heridos y un vecino detenido que no participaba del acto y tampoco era docente, simplemente se asomó a ver qué sucedía. Esa noche, de manera espontánea, docentes, estudiantes y familias salimos a las calles del centro de Puerto Madryn a repudiar la represión. No era la primera vez y tampoco sería la última, tristemente. En ese momento empezó a crecer la unidad, no es que antes no existiera pero creo que fue a partir de ahí cuando empezó a tomar fuerza ese sentimiento de que “si tocan a unx, nos tocan a todxs”, empezamos a entender que la mano se ponía dura, que esto venía en serio y que ya no podíamos dejarlo pasar, que era momento de actuar más unidos que nunca y que había que endurecer las medidas.

Días después, el 30 de mayo, un grupo de docentes autoconvocadxs y representantes del sindicato espontáneamente ocupó pacíficamente las instalaciones del Ministerio de Educación en Rawson bajo la consigna “si no hay paritaria no nos vamos”. La noticia empezó a circular al instante a través de los grupos de whatsapp. En Madryn, ese mismo día hubo una asamblea interescuelas en la que  los temas previstos fueron desplazados por la toma. Se habló de muchas cosas  y hubo algunas diferencias, pero todxs coincidíamos sin dudas en que debíamos salir de inmediato a apoyar  a lxs compañerxs que estaban adentro. En poco tiempo se organizaron grupos que partirían algunos esa noche y otros a la madrugada con comida, frazadas, bolsas de dormir, etc. Yo llegué con un grupo de seis docentes a las 6 AM, todavía estaba oscuro y el frío era terrible, pero al bajar del auto nos encontramos con el cálido abrazo de lxs compañerxs que habían pasado la noche afuera, pegados a un improvisado fogón en la calle. En la puerta del ministerio se podía ver un cordón de policías que impedía la entrada pero al levantar la vista podíamos observar a lxs compañerxs que se asomaban a las ventanas para saludarnos o gritar algo, emocionadxs de sentir que no estaban solxs. Y así, siguió creciendo la unidad y comprendimos que esta lucha solo la íbamos a ganar juntos, avanzando codo a codo. Para el segundo día de la toma ya estábamos organizados en dos grupos: lxs compañerxs que se mantenían adentro y lxs que acompañábamos afuera. En pocos días, ese fogón improvisado de la primera noche, se multiplicó a lo largo de toda la calle. Alrededor del fuego cada vez se reunía más gente, que amontonadxs y envueltxs en frazadas para pasar el frío, compartían un mate caliente. En cada fogón nunca faltaba una olla en la todxs los que iban llegando llenaban con una zanahoria, una papa, una calabaza, una lata de lentejas, un pedazo de carne y se cocinaba un delicioso guiso para compartir. La solidaridad de lxs vecinxs fue emocionante, nos llevaban leña, un termo con café o chocolate caliente, tortas fritas, un bizcochuelo, frazadas o simplemente una palabra de aliento. La unidad de los trabajadores, que pregonábamos enérgicamente, se veía presente cada vez que otros gremios se acercaban a llevarnos leña o alimentos, cuando la gente de la panadería de enfrente nos regalaba torta fritas calientes o cuando los compañeros de la remisería de la esquina nos permitían pasar al baño, calentar agua para el termo o entrar en calor un rato para volver a salir a enfrentar las bajas temperaturas.

Después los fogones se convirtieron en ranchos improvisados de maderas y nailon y en un abrir y cerrar de ojos, con la colaboración de todxs, armamos un campamento que jamás hubiéramos imaginado. Teníamos una amplia cocina comunitaria, un televisor prestado por una vecino del lugar, una antena de cable satelital y tres pasajes identificados con nombres: Pasaje dignidad, Pasaje resistencia y Pasaje luchón.

Mientras en Rawson estábamos abocados a mantener la toma del ministerio, lxs compañerxs de otros puntos de la provincia, también comenzaron a instalar carpas y a ocupar pacíficamente edificios públicos como delegaciones administrativas, supervisiones escolares, oficinas de vialidad y áreas programáticas de salud. Las calles de Chubut se vieron de pronto invadidas por acampes, fogones y ollas populares. Sin embargo, el gobierno no parecía darse por aludido.

El 18 de junio  se inició un cronograma de paritarias con los sindicatos que integraban la Mesa de Unidad. El gobierno abrió la primera reunión paritaria del año con los sindicatos docentes. Mientras esperábamos afuera de la Secretaría de Trabajo el resultado de la negociación, nos invadían distintas emociones, sentimientos y sensaciones: por momentos una cierta alegría porque sentíamos que habíamos logrado el objetivo, al menos parcialmente. Pero al mismo tiempo nos invadía la desconfianza mientras especulábamos sobre los posibles porcentajes que podían  llegar a ofrecernos;  algunxs decían el 5%, otrxs el 8% y estaban lxs más osadxs que arriesgaban un 12%. Pero con el paso de las horas, nos empezaba a ganar la incertidumbre. Hasta que por fin lxs dirigentes salieron a anunciar la propuesta tan esperada: $200 al básico. De verdad, no es chiste. Y de pronto todos los sentimientos fueron reemplazados por un solo: BRONCA.

Las dos paritarias siguientes fueron eternas. La primera fue el 26 de junio, la reunión estaba prevista para las doce del medio día y los dirigentes fueron recibidos a las siete de la tarde aproximadamente. Durante esas horas pasamos de la euforia y el abrazo  por  la clasificación de la selección a octavos, al llanto  y el abrazo fraterno después de la represión. Ese día fui parte del grupo de docentes reprimidos y creo que todxs lxs que estuvimos presentes no vamos a olvidar nunca ese suceso. A  las 19  horas un grupo de infantería salió por un portón lateral de la Casa de Gobierno dispuestos a apagar un fogón en la calle que no reunía a más de veinte personas. Ante la negativa de lxs presentes, y sin mediar palabras, empezaron a empujarnos y a golpearnos con palos cortos. Las reacciones ante tanta brutalidad fueron variadas: algunxs compañerxs le hacían frente a los uniformados que avanzaban, otrxs corrían desesperadamente, otrxs suplicaban con gritos desgarradores que dejen de pegarnos mientras repetían que no estábamos haciendo nada y otrxs solo podían insultar. Uno de mis compañeros, Edu, en un gesto muy valiente se paró frente a los efectivos de infantería que avanzaban, sin dudar les dijo que somos docentes pacíficos y les ofreció el compromiso de retirarnos sin dejaban de reprimir. Las palabras de Edu fueron ignoradas por completo y no obstante redoblaron la apuesta: comenzaron a lanzar gases lacrimógenos y a disparar balas de goma. En ese momento se mezclaron todos los sentimientos: la bronca por sentir que no merecíamos ese ataque, la impotencia de sentirnos indefensos frente a esos tipos armados, la angustia y el miedo de perder de vista a un compañero o compañera, el deseo de ayudar al que está tiradx pero a la vez sentirte imposibilitadx porque no podes ver ni respirar debido al efecto de los gases.  En un momento dejaron de avanzar y formaron dos cordones con miembros de la policía, infantería y la montada que bloqueaban el portón lateral por el que salen los autos de lxs funcionarixs.

La noticia circuló con una velocidad inusitada que llegó a los medios nacionales de inmediato. Esa noche empezaron a llegar de a poco muchxs compañerxs de Puerto Madryn que al enterarse de la represión sentían que no podían quedarse en sus casas sin hacer nada. Y así, lentamente, en cuestión de horas duplicamos el número de docentes que aguardábamos la salida de los paritarios, que habían prometido no salir de la Casa de Gobierno sin una propuesta razonable. Cuando un grupo de compañerxs llegaba nos fundíamos en un abrazo que nos reconfortaba y aliviaba el dolor y la bronca de unas horas antes. Estuvimos hasta las cuatro de la madrugada aproximadamente. Lxs trabajadorxs afuera, rodeados de policías que parecían esperar la minina excusa para atacarnos de nuevo, y lxs funcionarixs adentro, manifestando tener miedo de salir porque temían que les hiciéramos daño. Claramente un planteo ridículo observando el contexto.

La siguiente paritaria fue en un hotel en las afueras de la ciudad, evidentemente los ministros se fueron preparados para pasar la noche. La propuesta “superadora” en esta oportunidad fue de $1200 al básico, destacando que era el máximo esfuerzo que podía hacer la provincia. Era curioso, de todos modos, cómo mágicamente aparecía dinero en Chubut  ya que pasaron de una oferta de $200 a una de $1200. Como la propuesta era paupérrima los paritarios la rechazaron y se quedaron nuevamente adentro esperando una propuesta superadora que nunca llegó. Ese día esperamos afuera dieciocho horas aproximadamente. Fue eterno, las horas no pasaban más, teníamos frio y hambre. Pero estábamos dispuestos a quedarnos ahí el tiempo que fuera necesario. Cada una hora tocábamos bocina y hacíamos ruido con lo que tuviéramos a mano para que Cigudosa y Garzonio, lxs ministrxs, no se olvidaran de que seguíamos afuera esperando respuestas. Los fogones nos ayudaban a palear el frio y  cuando llegó el carrito de choripanes aliviamos un poco el hambre. El señor del carrito nos acompañó durante toda la lucha, se convirtió en un  protagonista fundamental, cada tanto se escuchaba que alguien preguntaba esperanzado “¿Llegó el hombre de los choripanes?”.

Al día siguiente el gobernador anunció que el aumento de $1200 sería otorgado por decreto con el descuento de todos los días de paro. Después de largas vueltas, el decreto entró a la legislatura para ser tratado luego del receso invernal. Pero el viernes 6 de julio, Arcioni anunció en una conferencia de prensa que esa tarde, como una suerte de gesto de buena voluntad, convocaba a una nueva reunión paritaria a los sindicatos docentes. Y ahí fuimos una vez más. Esperamos unas cuantas horas pero menos que las reuniones anteriores hasta que Santiago Goodman, el secretario general de ATECH, salió a comunicar la última propuesta, que sería consultada con las bases, con un llamativo tono de resignación: $1350 al básico, sin descuento de los días de paro si se levantaban todas las medidas de fuerza, la aplicación del TEG y la refacción de las escuelas deterioradas durante el receso. Goodman parecía resignado y por momentos nos parecía que quería convencernos de que era una buena propuesta. Lxs docentes de Madryn no estuvimos de acuerdo desde el primer momento y lo hicimos saber. Pero curiosamente a otrxs compañeros les parecía una buena oferta.

Finalmente las bases votaron y de las seis regionales de Chubut, cinco aceptaron excepto Madryn, como era de esperar. Inevitablemente nos desmoronamos un poco, sentimos que habíamos puesto mucho esfuerzo para tan poco, que en realidad no ganábamos nada porque los pedidos iniciales no habían sido resueltos, que a pesar del cansancio nos sobraban ganas y fuerzas para seguir luchando. Pero como en todo acto democrático la decisión de la mayoría  debe ser respetada, y finalmente,  luego de cuarenta días de ocupación del ministerio y otros edificios públicos, tuvimos que levantar las tomas y retirarnos, no sin antes expresar de todas las maneras posibles que lxs docentes de Madryn no estábamos de acuerdo, ni aceptábamos la propuesta.

En términos salariales o mejoras en las condiciones de trabajo no ganamos nada, pero ganamos en unidad y eso es más valioso que cualquier otra cosa. Gratamente nos encontramos con compañerxs dispuestos a poner el cuerpo y su tiempo para obtener un  beneficio común a pesar del el frio, el hambre, el sueño, la angustia, la incertidumbre y el miedo. Muchxs nos conocíamos de vista o habíamos cruzado dos palabras en algún recreo y ahora tuvimos la posibilidad de conocernos en un espacio que excede las rígidas estructuras de la escuela, compartimos vivencias que crearon nuevos vínculos o fortalecieron lazos que ya existían. De cada compañerxs rescato las palabras de ánimo que nos alentaban a seguir cuando parecía que ya no podíamos más, el abrazo de quienes viajaron inmediatamente a Rawson el día de la represión o de la toma del ministerio, los chistes y la mirada cómplice que te sacaba una risa y acortaba el tiempo de la espera, el intercambio de opiniones y puntos de vista que nos permitía cambiar o enriquecer nuestra perspectiva sobre algunos temas.

Seguro que no ganamos pero ellos claramente perdieron porque nos despertamos, nos animamos a salir a la calle y a hacer cosas que nunca habíamos imaginado. Nos fortalecimos y construimos una unidad que no van a poder romper. El conflicto terminó en esta instancia pero quedan muchas cosas por las que es necesario seguir luchando. El lunes 23 de julio vamos a volver a las aulas, con la frente el alto, la dignidad íntegra y la seguridad de haber peleado hasta final, cantando, como hicimos tantas veces para darnos coraje: Lxs trabajadorxs de la educación no bancan ajustes ni la represión. Y todo el  gobierno tendrá que entender que lxs docentes no van a poder.

Sábado 21 de julio

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