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CRÓNICAS

Mejor hablar de ciertas cosas: Cuando Sumo tocó en Río Cuarto

Por Fernando Aguirre


No me acuerdo exactamente cuando este dato llegó a mis oídos despiertos, supongo que habrá sido allá por el 2002. Ese fue un año complejo por la crisis social y económica que vivía la Argentina y porqué además las ideas contestatarias se apoderaron de mí, no solamente como joven habitante de la ciudad, sino como músico de rock que transitaba por el relativo éxito de una banda que no llenaba mis expectativas de rebeldía y a la que recuerdo con mucho cariño y reivindico en la actualidad. Mi círculo de amistades en el que me sentía a gusto eran más bien un grupo heterogéneo y de convicciones anarquizantes, y en esa sintonía de intereses Sumo aparecía como la madre de todas las bandas que “tenían algo que decir” y que no eran parte de la “careteada”: Entre esas bandas no solamente se encontraban sus desprendimientos creativos, después de la muerte de Luca, Las Pelotas y Divididos (¿Nadie se acuerda del cantito “Luca no se murió, que se muera Cerati lpqlp?, ¿nos volvimos una sociedad más abierta con un público rockero más tolerante?), sino también estaban otras grandes bandas como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Todos tus Muertos, Los Fabulosos Cadillacs, Bersuit Vergarabat o Las Manos de Filippi. En ese sentido decir “Yo ví a Sumo en vivo” era simbólicamente haber estado en el momento y en el lugar indicado, y más si eso correspondía a ser uno de los iluminados que se acercaron esa noche de octubre de 1986 a Marrakesh y rehuyeron ir a ver a Los Enanitos Verdes a Regim´s, optando por disfrutar algo genuinamente under y no puramente comercial. Los recuerdos de los memoriosos que transitaron esa noche dicen que no fueron a verlos más de cien personas, pero si tomara en consideración los que dicen que fueron a verlos llegaron a más de 500.  Eso me recuerda a la famosa leyenda del Recital de Mano Negra:

“Al cierre de esta edición, la cantidad de personas que presenciaron el show de Mano Negra en Obras (1992) sumaba un millón y medio. Bromas aparte, la leyenda de aquel show superó incluso a sus protagonistas y fue algo así como el disparador de toda una tendencia dentro del rock latino. Claro que, seis años más tarde, y con el nombre Mano Negra inscripto para siempre en el panteón del rock latino de fin de siglo (e ilustrando las remeras de la juventud rocker argentina), todos dicen haber estado ahí.” (Pérez, Martín: Suplemento No de Página 12. Viajar, la droga perfecta. Manu Chao habla de Clandestino, su debut solista)

El “haber estado ahí” se convierte en el elemento legitimador del rockero inter-generacionalmente y ante las nuevas generaciones que por cuestiones de edad se vieron imposibilitadas de estar presentes, entre las que me incluyo. Ese mito tal vez se haya trasladado a lo que pasa con el Indio Solari actualmente, a lo que pasó con los jóvenes que no vieron a Los Redondos en vivo, o tal vez incluso sea mucho más fuerte y relevante. El Diario Puntal daba cuenta de lo que había transcurrido aquella noche en su suplemento de espectáculos:

“Luca Prodán nos comentó que no sólo hacía música, sino presentaba un espectáculo, cualidad que es admirada por los demás músicos de nuestro país, a su entender. Creo que tiene razón, palpar a Sumo en vivo es algo muy distinto a que nos limitáramos sólo a escucharlo, en este último caso nos perdemos el ingrediente visual y el contexto sumamente atractivo que impone Luca arriba de un escenario. “Cuando subo al escenario me transformo”, comentó Luca plácidamente luego del recital.

Este grupo liderado por este italiano desaliñado, descolgado, con cara de “bobo” talentoso; se presentó por primera vez en nuestra ciudad el domingo pasado. De esa actuación podemos deducir de que a pesar de que hoy Sumo ya salió de la subterraneidad de los pubs para ser consumido por la mayoría, seguirá siendo siempre un grupo para un determinado sector del público que escucha música; prueba de ello es la mirada de “no entender nada” de parte de los presentes. Sumo en el consumo masivo no me suena, me parece que desafina demasiado con el concepto de masa”. (“SUMO” Lenguaje subterráneo. Diario Puntal – miércoles 15 de octubre de 1986)

La mirada de “no entender nada”, los cánticos de un grupo de 20 personas que cantaban “Luca se la come, Pappo se la da” (No olvidemos que la banda heavy por excelencia era Riff), el personaje que lo puteo todo el recital y al que le dedicaron “El morocho tarado”, la leyenda de haberlo visto a Luca recorrer varios bares de la ciudad tomando ginebra, la grabación de ese recital que circuló en formato cassette por varias manos, ese mismo que grabó el Dj de Marrakesh Daniel Pacheco y que tuve el placer de escuchar alguna vez, la sensación inolvidable para los que presenciaron lo que terminó siendo un recital histórico en la ciudad y el recuerdo de Ricardo Mollo la primera vez que vino con Divididos allá por el 2003. Seguramente Mollo se acordaba de la anécdota contada por Roberto Pettinato más de una vez en televisión y en su libro:

-¿Vos te acordás del Hotel en Río Cuarto? (…)

-Que dormíamos juntos.

-Si, y a vos se te ocurre no sé a qué hora de la mañana decirme: “¿Por qué no llamamos al conserje y le preguntamos si nos pueden conseguir algo? (…)

-No idiota. Vos me dijiste: “Mirá, lo mejor es pedirle primero, para quedar bien, una puta.. Porque en todos los hoteles alguien pide una pu.. a la madrugada”.

-Y no funcionó, ahora me acuerdo…

-Sabes porque no funcionó? Porque el tipo te dijo que no había, y como nosotros queríamos merca o faso, le dijiste “Y si no hay chicas ¿podrá conseguir marihuana o merca?” (risas)

-Si, creo que el tipo se enojó.

-No, no se enojó. Te cortó y vos te diste cuenta de que habíamos metido la pata; nos cagamos de risa y ahí quedó como si nada. Pero a la mañana siguiente…

-¿Vino con la puta?

-No… fue algo increible. Vino George o Timmy a despertarnos. Habíamos dormido una hora o algo así y bajamos al lobby del hotel y vos me decís “Mirá esos tipos”, y había en distintos  sillones cuatro tipos leyendo el diario.

-¿Y eso que tiene que ver?

-¡Boludo! Eran todos canas. Leían el diario tapándose la cara y a medida que caminábamos iban bajándolos para mirar adonde íbamos. ¡Eran todos canas!

-Una película de Peter Sellers

-Sí, ¡una película del orto que se te ocurrió a vos!. Casi me muero de la paranoia.

-En el medio de Río Cuarto… (Periquito y Panqueque (una más). Tomada de “The last tapes”, desgrabación sin correcciones. En: Pettinato, Roberto: Sumo por Pettinato. Editorial Mondadori, Pagina 204)

Cuando me enteré de esta anécdota siempre me quedó en la mente la sonrisa picaresca de Mollo recordando su paso por esta ciudad y no puedo dejar de relacionar ambas situaciones. Ojalá algún día pueda sacarme esta duda con Ricardo…

Jueves 7 de junio

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