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CRÓNICAS

Humo en la Avenida España

Por Facundo Sánchez

Por Lelu Marino


En el momento en que Natacha te da el Choripán envuelto en dos servilletas de papel y lo ves, ya te sentís lleno. El tamaño intimida. Es enorme. Viene con tomate, lechuga y le pedí que le pusiera mucho chimichurri y mayonesa. La cancha de Estudiantes, los autos que suben y bajan hacia y desde el puente viejo hacen de escenografía en un nuevo, pero que ya se está haciendo tradicional, espacio gastronómico de la ciudad.
En las ciudades grandes, es un poco más común. Buenos Aires tiene los puestos de bondiolitas en la costanera y Córdoba tiene carritos en el parque Sarmiento y los siempre bien ponderados choris del dante. En nuestra ciudad, hay puestos de choripanes y hamburguesas frente a la rotonda seminario y uno también tradicional en la esquina de Lavalle y Caseros.
Es común encontrarlos a la salida de los bailes, boliches y después de los partidos.
Pero muy pocos son los que funcionan todo el año.
Cada vez que jugaba Estudiantes era una fija que el puesto de choripanes iba a estar ahí, frente a la entrada de la popular sur del estadio, pero hace un año y medio, aproximadamente, que el puesto empezó a estar todos los días. De hecho, cuando uno veía el fuego y el humo, pensaba que había habido partido y no se había enterado. Pero no, Natacha y su familia, habían tomado la decisión de pasar a estar todos los días. Y la gente respondió. “Vienen remiseros, taxistas y cadetes. Y después mucha gente de paso también. Vendemos bien todos los días, pero un poco más los viernes y los sábados.”
Pasar de estar sólo unos días al mes, a hacerse parte del lugar. Tomar la posta de una parte de Río Cuarto que parecía ser solo un lugar de paso. Al carrito que recibe a quienes vienen del norte, lo distingue el momento y la ubicación. Se hace llamativo en el crudo frío del invierno. Despierta interés cuando se observa la fila de autos y motos estacionadas mientras esperan por uno de esos manjares que forman parte de nuestra cultura y tradición y que compiten ante tanta comida de afuera que sale el doble y llena menos.
“¿Este puesto de choris está todos los días u hoy hubo partido?”, pregunta el taxista que va de sur a norte, sorprendido y con hambre.
Pasar de ser un chori a la salida de la cancha, a ser “el chori de la cancha”. Pasar de ser andar a ser costumbre. A ocupar un nuevo rincón de la ciudad.
“Nosotros hace 15 años que nos dedicamos a esto. Somos de Villa Dalcar. Empezamos a las madrugadas al frente del boliche que está en esa zona. Veníamos para la cancha solo para los partidos, pero hace ya un año y medio que estamos todos los días”, dijo Natacha. Un amigo me confesó unos días después que a ese puesto se lo conocía como “los choris de la mami”, a la salida de la famosa casa de la calle Tejerina.
Apenas se instalaron todos los días sólo tenían el asador y una mesa donde preparaban los choripanes y unas reposeras en las que se sentaban cuando se calmaba el movimiento. Pero llegado el invierno, hubo que cambiar. El frío se hacía insoportable. “Este carro que tenemos ahora lo alquilamos, pero creemos que en un tiempo vamos a tener uno nosotros”, contó Natacha que trabaja en la industria artesanal del choripán hace muchos años y con toda su familia. Su mamá, su hermano y sus hijos completaban el plantel.
Hay que esperar un poco cuando se pide, pero la espera vale la pena, sin lugar a dudas. Hay que agarrarlo con las dos manos y hasta pide foto. Es realmente enorme. Comer uno solo está bien, a menos que el hambre sea mucho. Se lo puede acompañar también con una gaseosa. Desde que tienen el carrito, también agregaron unas sillas blancas de plástico para poder sentarse y comer semejante obra de arte tranquilo, mientras la noche va tapando el cielo de Río Cuarto, ante la mirada atenta de la Virgen de la Concepción. El movimiento vehicular es incesante durante la noche y muchos se detienen en el puesto. Algunos los comen ahí. Otros, para evitar el frío, se los llevan al auto.
Respecto al horario de trabajo, Natacha afirmó: “Venimos todos los días a las 18, para empezar a armar todo. Tipo 19 prendemos el fuego y cerca de las 20 ya vamos teniendo los primeros. Y nos vamos hasta que tengamos choris y venga gente, que generalmente es cerca de la una 01:30 o 02:00 de la mañana. Los fines de semana capaz que un poquito más”.
Hace un año y medio nada más que Natacha y su familia se instalaron todos los días en la calma de la Avenida España y ya la gente se acostumbró. Río Cuarto tiene esa costumbre medio hermosa de hacer tradiciones rápidamente. Y eso parece que es lo que está pasando con el puesto. Raúl “Cococho” Álvarez ya los nombró varias veces antes de dar el clima y Natacha confesó que eso les aumentó considerablemente la cantidad de clientes al día siguiente. “Además, el que viene se va muy conforme. Nosotros damos el chori bien completo. Lo cobramos un poco más caros que los otros puestos, pero le ponemos de todo y además son chorizos puros y grandes”, afirmó orgullosa y agregó que desde que están en el lugar nunca tuvieron algún tipo de problema.
A la noche la corta el frío. El ruido de los autos que bajan y suben al puente acompaña la escena del tímido carro en el que Natacha y su familia trabajan todos los días. Una parrilla grande en un extremo del carro, otra parrilla adelante para ir calentando los panes y el freezer en la otra punta, donde guardan las gaseosas.
El puesto de Choripanes delante de la cancha de Estudiantes va cantando historias que escriben junto a ellos los taxistas, los remiseros, los cadetes y el grupo de amigos que sale de jugar al fútbol y sabe que cuando vuelva a casa no va a haber nada para comer.
Una atención cordial, un momento lindo y un choripán de dimensiones descomunales hace que el frío que cubre toda la Avenida España en la noche de Julio no se sienta tanto.
A la madrugada se van, arman todo de nuevo, enganchan el carro al auto y vuelven rumbo a Villa Dalcar. Al otro día, otra vez desde las 18, aparecen.
Es difícil pensar que por casualidad el puesto haya pasado de estar sólo los días de partido y desde hace un tiempo hayan optado por trabajar todos los días. Resulta complicado imaginar que fue una decisión al azar el hecho de hacer choripanes todos los días en ese punto de la ciudad.
Dicen quienes saben, que cuando las
Se ve el humo salir desde el carro. Cumple la función que tuvo en la antigüedad. Antes comunicaba noticias. En El Vaticano se usa el humo para anunciar si hay o no, un nuevo papa.
Natacha y su familia usan el humo para que todos los que cruzan la ciudad de norte a sur, o de sur a norte por el puente viejo, sepan que hay un hermoso ejemplar de choripán esperándolos para cortar por un rato el hambre y el frío.

Sábado 28 de julio

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