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CRÓNICAS

“Estas crónicas reúnen mi pasión por la literatura, la filosofía y la docencia”

Por Facundo Sánchez

Por Federico Alonso


Muy pocas veces sucede que, como alumno, uno pide que el timbre no suene. Generalmente es al revés. Pero las sensaciones que transmite el libro Crónicas de Infancia, el nuevo de Joaquín Vázquez que se presentó el viernes 14 en la Tintorería Japonesa, trasladan al lector a ese lugar. A esa quimérica locura de quedarse en el aula mientras todo el mundo está corriendo en el recreo. Para pensar un poco. Para preguntarse por qué todo es cómo es y no puede ser de otra forma.

En un escenario que ya se acentúa como típico en la escena cultural riocuartense, el Profesor, Licenciado de Filosofía y escritor local, presentó de manera oficial su último libro: Crónicas de Infancia. Una serie de relatos y crónicas que narran las vivencias de Joaquín como profesor de filosofía para niños. Vivencias que vienen acompañadas de ocurrencias y libertades. Joaquín es un marciano, un profesor, un curioso y hasta se anima junto con los pequeños estudiantes a coquetear con Foucault y su Vigilar y Castigar.

Las filas de sillas, algunas copas de vino, gente sentada y gente de pie. Joaquín, algo nervioso, va recibiendo a los invitados: “Fue un momento muy emotivo. Llegué a ese día con una sobredosis de ansiedad, el cuerpo estallado en orzuelos, dolores de panza e insomnio. Todo muy raro para mí. Me sentí muy acompañado y querido por la presencia de amigos, compañeres de trabajo y de militancia, de escritores locales a quienes admiro y, sobre todo, de los niñes, que son les verdaderes autores de las crónicas.”, contó a Universo unos días después.

Quienes siguen a Joaquín en su cuenta de Facebook, ya se habían cruzado, seguramente, con varias de sus crónicas, las que él mismo postea seguido. Fue por esta vía, que surgió la idea que terminó en libro. El autor, confeso hincha de Rosario Central, cuenta que las primeras aparecen, alrededor de los años 2013 o 2014. Hacía ya algunos años que daba clases de filosofía en el primario y creyó necesario consignar de algún modo lo dicho por los niños. Joaquín notaba que en sus palabras, en sus preguntas, en sus inquietudes e ideas, había altas dosis de gravedad, espontaneidad, pasión e imaginación desmedidas. Y agregó: “Temía que todo eso que ocurría en las horas de filosofía pasara al olvido. Así nacen las primeras crónicas, con el deseo de testimoniar las ocurrencias de mis alumnes.”

En la presentación, en una sala colmada por un público de todas las edades, Joaquín comentó que al principio comenzó con registros ocasionales, que luego empezó a sistematizar y numerar con el tiempo. Los compartió en Facebook y de a poco fueron ganando lectores. Fueron esos primeros lectores, quienes alimentaron la idea de recopilar todas esas crónicas en un libro. Joaquín hizo caso. Menos mal.

Junto al autor, en la mesa de presentación, estaban el también escritor y editor Leandro Surce, de Kintsugi editora. Respecto de editar el libro en el ámbito independiente, Joaquín afirma: “Que las Crónicas salgan por Kintsugi, que es una editorial independiente de Bs As, integrante de La Coop, es para mí un doble motivo de alegría y, si se quiere, de militancia cultural y compromiso político. Es una apuesta a producir otros sentidos, por carriles divergentes del gran mercado editorial.”

Ana Carolina López y Camila Vázquez (hermana del autor) leyeron algunos de los relatos y los compartieron con todos los que se dieron una vuelta por la tintorería Japonesa esa noche. Escuchar las crónicas, era volver un rato a los pasillos de la escuela primaria. Era una invitación a pensar cómo hubiera actuado uno mismo teniendo esa edad en un contexto similar. Era volver a la mochila con rueditas, a la cartuchera llena de cosas, a las preocupaciones con forma de sacapuntas.

Las Crónicas de Infancia llegan en un momento en el que los niños, acompañados por el aluvión tecnológico, se ven cruzados por un mundo adulto cada vez más confundido. Su autor afirma, al respecto, que la filosofía con niños es un trabajo que cualifica casi imperceptiblemente a sus actores, aunque después de algunos años se nota que los niños que tuvieron filosofía desde sala de 5 tienen un mayor ánimo reflexivo y una gran práctica argumentativa. Si pensamos también en nuestro contexto histórico y social, hay que decir que una de las tareas de la filosofía con niños es poner en cuestión el escenario dogmático, conservador, clasista, xenófobo y racista en el que vivimos. Es, completa: “la responsabilidad de preguntarse sobre lo presuntamente obvio.”

Así, la noche del viernes pasó entre nostalgias y copas de vino. Entre elegantes transeúntes céntricos que se tropezaron y cayeron en “La Tinto”, a ver cómo Joaquín entregaba sus nervios en una versión final y definitiva, en frente de los muchos que lo acompañaron celebrando con él, un momento más. Entre un par de lágrimas y una voz quebrada por algún recuerdo que golpeaba la puerta del balcón de la buena memoria, Joaquín compartió muchas de las palabras que habitan su nuevo libro. Ese que, según él mismo es (de los tres títulos que publicó) con el que más estuvo vinculado emocional y existencialmente. “Me siento más presente en este que en los anteriores”, afirmó.

Las Crónicas de Infancia andarán, seguramente, dando vueltas por muchos lugares del país. Las historias de Joaquín, el “marciano”, el “manipulador”, el “pro”; probablemente caminarán veredas llenas de bocinas y seres perdidos. Andarán, seguramente, por alguna mesita de luz en algún alto edificio o en las manos de alguien que aprovecha las anécdotas de esos niños, para volver, aunque sea un rato, a la primaria. Al guardapolvo blanco. Al cuaderno forrado con los Power Rangers. Volver a ese otro tiempo y  lugar del que, sin darse cuenta, no quiso irse nunca.

 

Domingo 23 de septiembre

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