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CRÓNICAS

Billetera mata justicia

Por Facundo Sanchez


“Ay, tomá. Sacame esto. No quiero tener a este tipo en las manos”, dijo la madre de Ezequiel Buffarini y me dio la foto con la cara de la persona que mató a su hijo hace seis meses y todavía sigue en libertad.
Ezequiel manejaba una moto la noche del 30 de diciembre. Volvía del centro hacia la zona profunda de Banda Norte, cuando en la intersección de Chile y Marcelo T. de Alvear se cruzó con Jeremías Cogno, arriba de una camioneta Toyota Hilux (que no estaba a su nombre sino que pertenecía a un cliente de su concesionaria). Cogno dobló por Marcelo T. de Alvear en dirección a la calle Chile cuando sintió el impacto, el murmullo de la muerte. Un golpe seco en medio de la madrugada. A Jeremías lo acompañaba una chica. Ella sufrió algunos golpes pero ninguno de gravedad. No hizo falta que la lleven al hospital.
A Ezequiel sí, pero no alcanzó. Circulaba en la moto sin casco. Sufrió varios golpes en la cabeza y falleció algunas horas después. A esa hora de la madrugada y en fin de año, la ciudad parece más callada que de costumbre. Y el silencio se haría cortina. Y taparía todo. O al menos intentaría.
Los exámenes posteriores al accidente certificaron que el conductor de la camioneta estaba alcoholizado. Quienes lo conocen no se sorprendieron.

El viernes 6 de julio, familiares y amigos de Ezequiel Buffarini se concentraron frente al Palacio de Justicia, en la esquina de las calles Alvear y Dean Funes, para pedirle al fiscal Javier Di Santo que acelere el proceso judicial sobre el único imputado en la causa. Los medios de comunicación de la ciudad aparecieron por primera vez. La madre, entre lágrimas, respondía a la pregunta de los periodistas. “Nunca nadie de la familia se acercó a hablar conmigo. Tienen miedo, pero él se tiene que hacer cargo de lo que hizo. Mi hijo había sido papá hace pocos días y él lo mató”, dijo.

 

Cogno dobló por Marcelo T. de Alvear en dirección a la calle Chile cuando sintió el impacto, el murmullo de la muerte. Un golpe seco en medio de la madrugada.

 

La noche del accidente, Ezequiel manejaba una moto Honda Tornado de 250 cc. Pero su gusto por las dos ruedas comenzó con las bicicletas. Sus amigos, la gran mayoría del ambiente “biker”, fueron los que tomaron la determinación de reclamar por justicia y cortar la calle Dean Funes ese viernes a la mañana. Agarraron sus bicicletas y las dieron vuelta, con carteles y pancartas que decían, con grandes letras negras, “Aparecé, Jeremías”, “sean héroes, metanlo preso”. “Fueron sus amigos los que tuvieron la idea de venir. Yo no puedo hacer todo sola y ellos me ayudaron”, declaró entre lágrimas la madre.
Como un relato salvaje, el caso de la coalición entre Jeremías y Ezequiel, quedó en silencio. Los medios de comunicación de la ciudad, no tomaron mayores detalles de lo acontecido. “En el momento que pasó, nadie dijo nada. Había que hacer esto para que se acerquen los medios, es increíble”, declaró una de las mujeres que acompañaba a la madre de Ezequiel.
En el centro de la ciudad, las calles se hacían más angostas. Los conductores de los autos sacudían bocinazos, indignados por la lentitud del tránsito en la mañana. En esa esquina de Alvear y Dean Funes, cortando el frío, amigos y familiares de Ezequiel reclamaban justicia. Había un punto en común entre los automovilistas y ellos: ambos estaban indignados. Unos con la lentitud del tránsito. Otros, con la lentitud de la justicia.
El caso de Jeremías Cogno no es el primero. En abril del 2017, Eneas Agüero perdió la vida tras ser embestido por un Fiat Palio blanco, conducido por Adriano Massimino, quien lo abandonó en la vía pública. Eneas iba caminando junto a sus amigos. Adriano también iba alcoholizado.
El imputado en la causa está en libertad condicional bajo fianza. El monto de la misma fue cercano a los doscientos mil pesos.

 

Como una suerte de susurro indiscreto camina por la  vereda la perversa idea de que billetera mata matar. Billetera acelera el olvido, garantiza libertades, hace humo las culpas. Como una suerte de idea macabra circula por el centro de Río Cuarto la cobardía de quienes no se responsabilizan por sus acciones. Generalmente jóvenes de clase media alta. Generalmente jóvenes que conducen alcoholizados. Generalmente jóvenes que abandonan a las víctimas. Generalmente jóvenes que prefieren desaparecer después de ver como el mundo ideal de autos y billetes se les desmorona frente a los ojos.
La omnipotencia de creer que nunca puede pasar lo que finalmente pasa. El impacto seco de una moto al costado de la camioneta. Una madrugada que se sacude. El semáforo en amarillo intermitente. Una vida que se escapa. Una libertad que se esfuma, frente a otra libertad que se logra a fuerza de billetes.
Eneas Agüero y Ezequiel Buffarini perdieron la vida de maneras similares. Quienes los mataron continúan en libertad.
Mientras tanto, sigue caminando por la Plaza Roca la idea perversa, oscura y macabra de que con una buena billetera se puede patear la basura y esconderla debajo de la alfombra. La alfombra de una ciudad que está cada vez más abultada, pero que todos seguimos pisando todos los días.

Jueves 12 de julio

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